09/01/2020

Festivales de Navidad

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros…

Atrás quedaron esos festivales de Navidad que celebrábamos en el cole con algún atuendo o complemento de pastorcillos, y en los que villancicos populares (así les llaman ahora a esos de toda la vida) eran mejor o peor entonados, a puerta cerrada, esto es, sólo para el resto de alumnado y profesorado del cole como únicos espectadores. Pero la cosa de la Navidad ha cambiado mucho incluso en esto. Desde hace unos años el comienzo de estas fiestas (para muchas personas de profundo significado y mensaje religioso) viene estando marcado por el festival del cole en el que hijos, sobrinos o nietos, eso da igual, todos ellos, representan la actuación para la que durante parte del primer trimestre escolar se han estado concienzudamente preparando a modo de maratón, muchas veces desorientados u orientados a ninguna parte. Trajes normalmente no muy navideños, sino más bien disfraces que bajo encargo en algún establecimiento, o de confección casera en el mejor de los casos, son exhibidos al son de un “villancico”, o así quieren llamar (por eso de mantener cierta conexión con la fiesta navideña) a esa música reproducida (lo que se conoce como playback) y representados con coreografía que, por sencilla, al final se torna difícil de coordinar entre los más pequeños. Todos los espectadores, es decir, familiares, amigos y vecinos de los nenes, se amontonan a la entrada esperando a que se les de paso, y al abrirse tener por fin acceso permitido (como si entraran en las rebajas). Todo acontece tal cual a la imagen aquella de “comienzan las rebajas de El Corte Inglés” (o cualquier otro centro comercial de ese estilo) a fin de encontrar sitio en primera fila desde donde el enfoque de cámaras, ya desde los dispositivos móviles, permitirá obtener la mejor imagen y vídeo para el recuerdo. Eso sí, la dirección del centro recuerda que son “para uso y disfrute propio”. Mero protocolo, se agradece el recordatorio, pero esas criaturas son, la mayoría, víctimas de exhibición en las redes sociales por los propios padres desde el primer momento en que son engendrados, por no hablar de cuando comienzan con sus primeras “acrobacias” exhibidas con orgullo -y bastante negligencia- en tales redes -o trampas- como si de mascotas adiestradas se tratasen.

Pues bien, este es el comienzo de la Navidad en nuestra sociedad. Lo que ha acontecido en días posteriores lo saben o en el mejor de los casos sólo lo pueden imaginar, y no tiene nada que ver con lo que verdaderamente nos ha llevado hasta esta señalada fecha: el nacimiento de Jesucristo, hijo de Dios y nuestro Salvador. Eso, claro está, “sólo para los muchos millones de cristianos” que pueblan nuestro planeta.

Por cierto, en el último festival al que asistí, las representaciones que llenaron mi corazón con su autenticidad llegaron de un pequeño con necesidades educativas especiales y una madre con hemiplejia que consiguió ocupar, a mis ojos, el mejor sitio en primera fila de bancos de espectadores. Con éstas imágenes comenzó mi Navidad. ¿Y la suya?

Marian Montes

 

 
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Última actualización: 07/02/2020